NO TAN AUSENTE

 

Todos llegábamos al café Gijón

31 agosto 2007

JAVIER NARBAIZA

Se me muere Francisco Umbral, que era uno de mis autores preferidos, con el añadido de otras coincidencias en el espacio y en el tiempo. Descubrí sus prosas, recién llegado a Madrid, cuando uno pensaba que la vida era literatura y todo consistía en escribir en los papeles y en caminar en las madrugadas por el Paseo de Recoletos. Por entonces, tomábamos como referente a ese modelo de rebeldías que era Umbral, que embutía literatura en reportajes e interviús, y en la tertulia del café Gijón se metía con la boina de Baroja y crucificaba a sus contemporáneos.

Con todo, siempre le fui lector fervoroso, con esa pretendida solidaridad entre los que habíamos llegado a la gran ciudad desde las tardes aburridas de nuestro domingo provinciano, que Valladolid o Soria, por el tardofranquismo-la palabra es suya-, sonaban a lo mismo, y habíamos percibido que la antesala del olimpo se encontraba en aquel café con mesas de mármol y divanes de peluche.

Porque escribir era llegar al café y sacar el folio hasta que viniese la inspiración y el argumento, mirando a los que entraban y salían, y siguiendo tras el ventanal el meneo de las muchachas en flor. Por eso, a quienes estábamos en tales aspiraciones, a los pocos días de que nos dejase el tren en Atocha, o la Continental en la calle Alenza, una de las primeras excursiones iba de husmeo por la tertulia de los artistas, con lo que tocaba colocarte en una mesa colindante y a esperar el comienzo de la función. Era al caer de la tarde cuando recalábamos en el Gijón, a la vez que empezaba el desfile de vates y famosos, como José Hierro, Gerardo Diego, Paco Rabal, o el Algarrobo, y entre tantos, se subrayaba, un joven con melena y gafas de muchas dioptrías, que se hacía llamar Francisco Umbral y que se lo montaba con pretensiones de un Larra redivivo y con mejor sintaxis.

Luego, hasta lo conocí personalmente en la buhardilla del escritor José Gerardo Manrique de Lara, por la zona del Rastro, y que también se murió, con lo que Umbral- propicio a carroñeos- no desaprovechó la oportunidad del óbito para llamarle poeta mediocre, a pesar de que José Gerardo siempre nos había convidado. Tengo firmado alguno de sus ochenta libros, y tras muchos años de no pasar por el Gijón, en homenaje a sus talentos, vuelvo a retomar la prosa excelsa de ese clásico con el que charlé una noche, y que cuenta del día en el que llegó al café : “ Había humo, tertulias, un nudo de gente de pie, entre la barra y las mesas, que no podía moverse en ninguna dirección, y algunas caras vagamente conocidas, famosas, populares a las que en aquel momento no supe poner nombre...”


Dita ya tiene luz

24 agosto 2007

JAVIER NARBAIZA


Dita Negredo Lázaro ha conseguido que por fin le pongan la luz en su nueva casa de Pinilla del Olmo. Ayer, a eso del mediodía, una furgoneta con escalera encaramada se dirigía al término, que no se trataba ni del panadero, ni era el Ta-frío, ni Adolfo el cartero, ni los civilones en patrulla por los campos. “Que vienen a traerle la luz a Dita”, se llamaban las vecinas desde las ventanas, por lo que enseguida el personal se concentró en la calle de los Olmos para constatar la buena nueva.

Casi son tres años los que lleva la buena mujer esperando el advenimiento de la electricidad, en medio de la mayor impotencia, sorteando dificultades y consumiendo velas por espuertas para iluminar las estancias. Por lo visto, todos los duendes maléficos se habían conjurado para dificultar ese trámite tan obvio de pulsar un botón y que se encienda la bombilla, o abrir la puerta de la nevera y encontrar una cerveza fría. Primero, fue el desacierto en la elección del constructor, que amén de su impericia en disponer los ladrillos y las tejas sumó la equivocación de llevar los papeles al negociado equivocado. El expediente iba y venía, que si la construcción distaba cuatro metros de la zona urbana, que por fin la licencia estaba en curso, que la burocracia es así y no se ganó Zamora en una hora. Dita, que tiene ochenta y tres años, supo armarse de valor, no perdió la paciencia ni la esperanza, recordó su juventud con carburos y candiles y se metió en su casa acomodándose a los horarios de ortos y crepúsculos, despertando al amanecer mirando cómo la neblina se despegaba de los montes, acostándose cuando llegaban las estrellas, y olvidándose de los programas de la tele, que la verdad tampoco es que se haya perdido tanto.

Así hasta hoy, aunque en el momento final del deseado enganche no hayan faltado dosis de suspense, ya que el instalador autorizado fruncía el ceño, al percatarse de que el “chispa” electo no había cumplimentado los boletines de rigor, si bien, ante la presión social, el operario, de buen corazón, ha accedido a colocar provisionalmente el contador en una hornacina en la que en el futuro su dueña contemplará al artefacto como a santo benefactor.

Luego, se hizo la luz, y todos, como niños, tocabámos una y otra vez el timbre, y encendíamos y apagábamos las bombillas. Que ha sido largo el tiempo de espera, por lo que me place difundir la noticia para que la numerosa parentela de Dita, y tantos amigos preguntones, sepan la buena nueva, y que en esta noche de adelantado otoño, lo celebraremos tomando chocolate con picatostes y escuchando músicas sin necesidad de velas ni de lamparas de petróleo.


WebSoria en Muriel Viejo

3/8/2007

JAVIER NARBAIZA

Vienen a ejercer los webmasters como aquellos pregoneros que después de tocar la bocina proclamaban: “Se hace saber...” Tal vez había venido un camión con fruta, o llegaban titiriteros... Pero la gente se fue de los pueblos y se acabaron los pregones. Ahora, enciendes el ordenador, te conectas con internet, escribes el nombre de tu pueblo, y estés donde estés te topas con la imagen de la plaza de Almarail, Azcamellas, o Valtajeros, y la abuela, desde el lugar más lejano, se sorprende al atisbar el castillo, la fuente, o la ermita cubierta por la última nevada. También se enteran de que se ha casado la hija de Baldomero, y de que se murió el tío Berrinche y lo llevaron a enterrar al pueblo. Quienes materializan tales magias suelen ser comunicadores voluntarios, normalmente sorianos jóvenes residentes en distantes urbes, que gastan su tiempo libre en mantener el fuego sagrado de la memoria del lugar del que ellos o sus padres emigraron.

Ya va para tres años que tuvimos la idea de juntarlos en un espacio no virtual para que contrastasen experiencias y planteasen búsquedas comunes. Desde una primera cita en El Cubo de la Solana, siguió otra en Almazul, y el dieciocho de Agosto será Muriel Viejo el municipio en el que, gracias a la generosa disposición de su Ayuntamiento, se debatirán nuevas metas para unas webs que han servido para recuperar el hilo perdido entre tantos paisanos, además de utilidades concretadas en contactos de toda índole que han permitido que surjan interesados por un coto de caza, o que los urbanitas se informen de ese molino que se vende, o de que está libre un puesto de alguacil para emigrantes con familia.

Desde ese Primer Encuentro del 2005, surgió Websoria, que es una asociación informal, abierta a cualquier interesado con causa, sin apoyo institucional alguno y que este año convoca a juntarnos en Muriel Viejo.

Volveremos a encontrarnos con los artesanos de la red de Andaluz, Barahona, Almazul, Madruédano, Judes, Fuentearmegil, Cigudosa, Sarnago, y de tantos otros ueblos, y se hablará de desarrollar una trama de comunicación independiente y alejada de los intereses políticos, respetuosa con opiniones e iniciativas, y que pueda redundar en beneficios aprovechando las imparables novedades tecnológicas. Escucharemos los relatos de cuitas y de logros, como los de los amigos de Trébago, que en poco tiempo y gracias a su tenacidad han conseguido que funcionen tres casas de turismo rural, que se vaya recuperando su caserío, y que tenga visos de cristalizar una residencia para enfermos de Alzheimer, en la que en una primera fase podrían crearse más de sesenta puestos de trabajo. Y además, nos contarán de la importancia que en sus metas ha tenido aquella iniciativa de realizar una página web del pueblo...

Tierra de Alvargonzález

20/07/07

JAVIER NARBAIZA

Es jueves y me pesa no poder acudir esta noche al Claustro de San Juan de Duero, y no encontrarme entre los privilegiados que escucharán la voz limpia de Carmen Jiménez en la presentación de la “Cantata de la Tierra de Alvargonzález”, interpretada por el grupo Zafra Folk. No obstante, acudí ayer al palacio Longoria de Madrid, sede de la Sociedad General de Autores, que fue ocasión para que el compositor musical del recién editado CD, Manuel Madrid Castro, relatase las vicisitudes de esta nueva edición discográfica que constituye el séptimo trabajo del grupo, con veintidós años de brega, y tan ligado a la provincia de Soria.

La Cantata constituye la primera ocasión en la que se ha musicalizado el poema de Machado, haciéndose realidad, con motivo del Centenario de su llegada al Instituto, un sueño y meditado proyecto que se remonta a 1997, y en que el grupo Zafra-Folk ha sabido elaborar un trabajo, en el que respetando íntegramente la literalidad del romance ha conseguido que la obra “suene linda”, sin alharacas, y por supuesto, que se entienda plenamente la trama y el significado literario del Poema.

Escucho la música, que es una versión inédita y sin recurso alguno a secuenciadores y otros habituales efectos, y con fondo de dulzainas y bandolinas me llegan tantas resonancias sociológicas del ayer provinciano con el que se encontró el urbanita don Antonio Machado en su excursión a la Tierra de Pinares, con sus tópicos y referencias topográficas que nos suenan tan cercanas, así como la acogida de un recurso literario que enlaza con la forzosa oralidad de aquellos pliegos de cordel que los ciegos recitaron por las ferias de los pueblos, y que hoy nos regresan fielmente con el relato del crimen horrendo y la voz castellana y cristalina de Carmen. De los diez capítulos del Poema machadiano, salen doce apartados musicales o pistas. El envoltorio del CD resulta magníficamente sugerente, con maquetación y diseño de Paco Castro. No puede omitirse una meritoria mención para la Junta de Castilla y León, que según reconoce Manuel Madrid, se ha estirado económicamente para hacer posible esta primera versión musicada de “La Tierra de Alvargonzález”.

Que esta Cantata, que con el argumento del parricidio nos cuenta en setecientos versos de aquella Soria dura y difícil de los primeros años del siglo XX, sirva para que se conozcan mejor nuestros escenarios y paisajes. Y también, con la esperanza de que muchos canten: “Hasta la Laguna Negra, /bajo las fuentes del Duero, / llevan el muerto, dejando/ detrás un rastro sangriento,... /”, al igual que “La Saeta”, aunque algunos piensen que se debe a la inspiración de Serrat. Lo mejor que se podría decir de este digno trabajo, es que si don Antonio levantase la cabeza se sentiría satisfecho.


Valdelavilla, pueblo inglés

13/07/07

JAVIER NARBAIZA

Telemadrid emite un reportaje sobre los cursos de inglés que se desarrollan en Valdelavilla. El experimento ya dura seis años, en el que sobre el caserío reconstruido de un pueblo de las Tierras Altas se intenta superar ese lastre que a tantos españolitos afecta, y que va de ser capaces de conversar con cierta soltura en la lengua de Shakespeare. Dicen que en los siete días del curso se aprende más que en tres meses, y sin coger el avión, con lo me toca evocar mi personal intentona en Londres, de la que regresé con escasos progresos, si bien la escapada fue motivo de gratas confraternizaciones con chicas madrileñas y canarias, con las que uno se entendía mejor.

El método de enseñanza de Pueblo Inglés se basa en hablar en inglés desde que tocan diana, basándose en una conversación intensiva con monitores angloparlantes sin experiencia como profesores, ya que el profesional tiende a vocalizar en exceso o hablar más despacio para que el alumno lo entienda, lo que marca cierto desajuste sobre las pautas habituales del diálogo. Lo que no cesa en momento alguno, es la tensión máxima del alumnado, que ha de desprenderse de sus apoyos en el propio idioma. De la experiencia deriva que Valdelavilla se haya erigido en un referente de inmersión lingüística, convirtiéndose la sede en barco-insignia de la que han surgido otras réplicas en La Alberca, Cazorla o Umbría en Italia, que hoy prestigian un sistema de enseñanza que se puede prorrogar tras el curso, desde el ordenador y usando escenarios virtuales.

Al frente de Pueblo Inglés, se encuentra un soriano de Almazán, que es Juan Carlos Medina, excelente relaciones públicas, y que encarna la imaginación empresarial, y por supuesto, la determinación de que en su día se considerase Valdelavilla como punto de arranque de ese original proyecto educativo que facturó tres millones de euros en el pasado ejercicio. Fue hace seis años, cuando Juan Carlos se fijó en ese complejo de edificaciones inicialmente pensado para el turismo rural, que en sus orígenes, y a pesar de las buenas intenciones de sus patrocinadores, no dio los resultados apetecidos. Lo digo, desde mi lejana experiencia de cliente, y no es momento de recordar estancias ingratas, ni lo mal que comí en Valdelavilla. Más hoy, en los veranos, con el argumento del inglés, alguien vuelve a hollar las calles que en su día surcaron los ancestros de mi recordado amigo Avelino Hernández. Como he tenido la suerte de conocer a mi paisano Juan Carlos Medina, que es un hombre tenaz que sabe vender su producto, sigo con atención el reportaje en el que los alumnos españoles cuentan su aventura al tiempo que aprovechan para desahogarse un momento, en el que se les permite hablar en castellano, y manifiestan que el aprendizaje les está cundiendo.

Romería con aeroplano, en 1925

6/7/07

JAVIER NARBAIZA

Como, al parecer, pronto los aviones aterrizarán en Garray, podemos evocar que las llanadas provinciales sirvieron antaño para el menester de despegue y aterrizaje de aeroplanos, por lo que echo mano de las memorias de Zacarías Bartolomé, que dejó escrito su tocho de vivencias, y que desde la generosidad de sus hijas Visi y Mari Cruz, me sirven de apoyo para encontrar la cronología y el sentido de estas ruinas de lo que fue su pueblo, y que hoy es mi lugar de escapada y de silencio. A propósito de vuelos, releo lo que Zacarías cuenta de los sucedidos de septiembre de 1925, en pleno mandato del general Primo de Ribera. Consta en actas que el secretario de Pinilla del Olmo recibió oficio de la autoridad competente en el que se advertía que hacia el mediodía aterrizarían unos aviones en el paraje llamado Las Lagunas-El Hornillo, situado entre Barahona y Pinilla, formulándose las precisas advertencias a fin de que se procediese, por el bien de todos, a retirar ovejas y otros animales. Dada la coincidencia del experimento con el tiempo de descanso que sigue a la culminación de las faenas agrícolas- y con el cereal ya guardado en los graneros-, el caso es que allí se concentró media comarca y las gentes acudieron en caravanas, sobre el lomo de sus caballerías, cual si se tratase de la más espléndida de las romerías. Como era todavía el cuarto día de las fiestas de Pinilla, se prorrogó el ajuste con la orquesta de música, que era de cuerda y procedente de Morón de Almazán. Acudieron automóviles de Soria y también personal de la Aviación de Madrid, y estos últimos se sorprendían por la forma en la que los autóctonos transportaban a los niños, tras aparejar a las caballerías, a las que se colocaba un serón con uno o dos senos sobre los que se acomodaban los infantes, que llegaron al espectáculo dormiditos y dulces con el meneo de las mulas.

A media mañana se encendieron hogueras con paja húmeda para señalizar con humo el lugar exacto en el que debían aterrizar los aviones. Una vez los aparatos bajaron a tierra, los miles de curiosos escudriñaron por entre las armaduras y entresijos de aquellas novedosas máquinas, y luego prosiguió el baile y la merienda en el campo. Agotados el vino y la música, los aviones, que para echar de nuevo a volar habían de ser ayudados por otros hombres dando vueltas a la hélice, se perdieron en el cielo, con lo que el gentío partió hacia sus respectivos pueblos, dando para muchos años la narración de secuencias del feliz suceso. Luego, en tal lugar y durante la guerra civil, se montó un aeródromo de campaña, y alemanes e italianos cargaron munición que en algún sitio soltarían. Hoy es buen terreno para setas en otoño y con el calor se escucha fragor de grillos y de chicharras.

Reencuentros en la sanjuanada

JAVIER NARBAIZA

29/6/2007


Llegan los días largos y nos convoca esa música de tachín- tachan, con predominio de bombo, que nos hace regresar a la tierra primigenia, con lo que retornan sensaciones antañonas que traen rastros de aquella perdida juventud. Llegamos de nuevo, y huele el suelo a vinacha derramada. Gran parte de los que ahora engrosamos el mínimo y habitual aforo de la ciudad somos miembros de esa diáspora- que tan cursi suena el nombre-, y muchos son los reencuentros que se producen entre quienes perdimos nuestras pistas. El señor de la visera que hace fotos al nieto en la Rosaleda, resulta que fue compañero en el Instituto; o el que te toca de vecino en los toros, fue quien te soltó una zancadilla alevosa jugando al fútbol en las eras de Santa Bárbara.

Nos miramos, hacemos el esfuerzo de reconstruir el rostro de entonces, y al final pegamos hebra inquiriendo sobre lo que han dado de sí nuestras biografías desde la partida, y nos enteramos de que su chico mayor sacó notarías, o que el que te lesionó acaba de operarse de la próstata, o que aquel otro trabaja en Valladolid, obviamente, en la Junta.

Toca parada en el Torcuato, y te resulta familiar el careto de quien a tu lado despacha su cerveza, vuelta al consabido esfuerzo localizador, y recuperada la semblanza juvenil del recién entrevisto, viene el calambrazo y la memoria de la cabronada que te hizo, al poco de asentarte en Madrid, cuando se presentó en tu casa en demanda de un préstamo, con coartada de urgencias para el pago de matrícula académica, que si era el último día de plazo, que no te preocupes que mañana mismo mi padre me manda un giro desde Soria y te lo devuelvo... El otrora amigo se llevó mis tres mil pesetas, se comió dos plátanos, y pasó una semana, y luego otra, sin noticias del deudor, con fracaso de todos los empeños de búsqueda, inclusive el recurso a la familia soriana, que escurrió el bulto y no mandó giro alguno. Así, hasta hoy, que nos encontramos en el Torcuato, cada uno con sus amigos, con pañuelo sanjuanero y tantos lustros encima.

- Perdone caballero, pero ahora que por fin le encuentro, me apetece llamarle jeta y chorizo, al tiempo que le recuerdo que me sableó tres mil pesetas, de las de hace casi cuarenta años años.

- Pues el caso es que a mí me suena su cara, pero en cuanto a deudas, me parece que me confunde con otro...

En tortuoso flash-back retornan las secuencias de la escena en la que mi histórico deudor engullía con pausa los dos plátanos, mientras contaba, uno a uno, los billetes que constituían todos mis ahorros. De ahí aprendí que para prestar dinero están los bancos, y hoy me río y en la alegría de los sanjuanes decido perdonar al feliz amnésico que bailotea con el ritmo chillón de una charanga.


Enésima entronización de Machado

JAVIER NARBAIZA

22/6/2007

La tarde cayendo está, mientras las azafatas de azul cotejan el listado de invitados para el acto de colocación de la cabeza de Antonio Machado en el jardín de la Biblioteca Nacional de España. Es Martes y la jornada comienza con una conferencia sobre la modernidad de la poesía de Antonio Machado, a cargo de la catedrática Rosa Navarro. Luego, en el patio sur, los asistentes departen y frivolizan, y en un suspiro se agotan las bandejas de canapés a espera de concentrarnos en las sillas habilitadas frente al monumento a Antonio Machado, todavía cubierto por una lona, al que solo le falta que la señora ministra le insufle el aliento del ser para adquirir categoría de estatua oficial y homologada. Van ocupando los invitados los sitiales reservados, entre los que se atisba toda la nómina de poetas orgánicos, políticos de la Cultura, personal destacado de Archivos y Bibliotecas, amigos del Cuerpo, amigos de los amigos, afines y otros inclasificables. Veo pasar a Manuel Núñez Encabo, acompañando- y asistiendo- a un Santiago Carrillo que camina como puede a sus noventa y tantos años. Saca instantáneas César Sanz, nuestro fotógrafo más universal, y que en la ocasión muestra su audiovisual sobre Don Antonio. La ministra- peluqueada y con blusa de leopardo suave- menta razones de homenaje al poeta, aprovecha para motivar al funcionariado de la biblioteca, y luego tira del cordoncito, con lo que se abate la funda que cubría el busto y descubrimos la cabeza de Machado realizada por Pablo Serrano, similar a la que luce en el esquinazo del Instituto de Soria, copia en bronce de la que se colocó en Baeza por los años 70. Llega el turno de lectura de fragmentos de La tierra de Alvargonzález, y rectores de quince universidades españolas leen un manojo de aquellos versos. En el atardecer, mientras el público en general- sin derecho a silla ni a canapé- se encarama como puede en vallas y barandas para seguir el recital de los representantes académicos, quienes, encorbatados y desde sus ternos grises mentan nombres de nuestros queridos pueblos: “en la tierra de Berlanga/ prendose de una doncella”, o “de Salduero a Covaleda,/cabalgan en pardas mulas,/bajo el pinar de Vinuesa/..., con lo que los sorianos presentes sentimos nuestra emoción, que al menos la cita da cierta categoría y presencia. Leen también los poetas, Francisco Brines, Caballero Bonald y Ángel González, y cierra la tanda, como protagonista estelar, el cantante Joan Manuel Serrat. Entre el zumbido inmisericorde de la ciudad que ya echa el cierre con sus estridencias habituales y bajo la mirada de piedra de Alfonso X, San Isidoro, Nebrija y Lope, se escucha el rasgueo de una guitarra y aquello de “caminante no hay camino, se hace camino al andar...”.


Campo de ababoles


15/6/2007

JAVIER NARBAIZA

Llega junio y Madrid empieza a matar, con lo que en cuanto sales del aire acondicionado estás perdido. Hoy he arrancado temprano, y al mediodía prosigo con la cartera en ristre, soportando la penitencia de polución y sirenas. Es viernes, y cuento las horas que restan para la escapada. A las tres tengo comida inevitable con clientes, que entre las batallitas de sus éxitos prorrogan la sobremesa. Son las 17 horas 45 minutos cuando llego a casa y me coloco el atuendo de neorústico. A las 18 horas toda la familia está a bordo del todoterreno, y partimos rumbo a Soria. Uno siente su gozo por residir en un barrio desde el que, en un suspiro, coges la R3, que por 65 céntimos te coloca en la M 45, y en diez minutos has empalmado con la R 2, que te llevará, sin apenas compañía de camiones, hasta pasado Guadalajara. Desde Medinaceli, un corto trecho de N 111, y por la recién reparada carretera de Alcubilla a Romanillos, enseguida te topas con un camino rural que te lleva hasta el pueblo. Total: 1 hora, 40 minutos. Sacada la impedimenta del maletero, a las 20 horas ya estoy con la bicicleta, ruta hasta el empalme, entre una sinfonía en la que se combinan el alboroto pajarero y serenata de grillos, con fondo y colorido que componen el blanco de espinos y margaritas, verde de cebadas y trigos, amarillo de campanillas y rojo intenso de los ababoles, que predomina. A uno le cuesta creer que estemos a menos de dos horas de la locura de la ciudad recién abandonada. En el paseo me cruzo con un tractor, su dueño aparca en la revuelta, y toca echar la habitual parrafada sobre la cosecha, que a pesar de la granizada de hace unas semanas parece venir bien, y lo bueno es que el estropicio se cebó más en las fincas destinadas a las pipas.

- ¿Y cómo han quedado aquí las elecciones municipales?.
- Igual que las otras veces, con lo que siguen mandando los mismos...

La gente del campo habla de pipas y no de girasoles, y de ababoles en vez de amapolas, que es término que me trae recuerdos de infancia, cuando te llamaban así en cuanto no espabilabas; y lo de amapolas, era solo nombre para uso de pintores y líricos. Avanzo sin prisa, disfrutando del crepúsculo y de la fresca. Me invade una paz de marea roja que me hace flotar como dentro de un cuadro de Monet, mientras las espigas se bambolean al modo de olas. Esta mañana renegaba de calores y decibelios, y en una hora y cuarenta minutos voy rebasando espinos blancos, que comparten cuneta con ababoles de encendidos pétalos. No cambiaría este paisaje y tantas sensaciones- mientras la tarde se desvanece y el sol declina-, por la mejor playa, ni por catarata o agreste perspectiva. Me siento egoísta, y celebro no coincidir con casi nadie mientas pedaleo suavemente y me impregno de primavera soriana.

Noticia de amigos perdidos

8-6-2007

En una tarde de nubes aborregadas me dedico a “googlear”, que es verbo de futuros, y la cosa va de buscar datos desde la ventana más socorrida de internet. Hoy me ha dado por pensar en qué habrá sido de tantos amigos cuyo rastro perdí. Como la vida es una tolvanera, y más cuando hemos cambiado tantas veces de ciudad, de barrio y de bar, el cuento es que ayer hubo otras gentes con quienes compartimos horas y juergas, y a los que hemos perdido la pista. Para recuperar rastros solo tienes que escribir en el renglón pertinente el nombre del recordado, y si hay suerte te enteras de que Angélica es catedrática en Galicia, o que Alberto dejó de pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles, o que la hija de Mariví y Felipe no ha superado las pruebas para guardia urbano en Badalona. Me animo y tecleo el nombre de Manolo Balboa, de quien no sé nada desde mi boda, o sea que han pasado veinticinco años. A Manolo le debo el conocimiento del Madrid nocturno y de toda una corte pícara y acanallada y un montón de motivos que me llevaron a superar mis congénitas timideces- que no todo lo bueno se encierra en la virtud-, y sobre todo, muchas risas. Manolo era sobrino de ministro, con lo que, obviamente, lo colocaron en un Ministerio, donde acabó consiguiendo la excelencia como funcionario: le quitaron, para su felicidad, hasta la mesa, y los jefes se contentaban con que fichase, sin encomendarle misión ni expediente. Aprovechaba su tiempo callejeando y bebiéndose todo, además de figurar como extra en cuantas películas se rodaron por aquel entonces. Pasé a su lado las mejores vacaciones de verano, soportando la solarra de un agosto madrileño en las piscinas de hotel encaramadas en las terrazas de esa Gran Vía de la que me había enamorado desde las cintas de Cifesa, que antes ensoñé en Soria frente a la pantalla del Avenida. Por esos espacios, Manolo se movía como pez en el agua, siempre confraternizando con las secundarias del cine, que constituían su lograda especialidad.

El google me remite a las esquelas mortuorias del ABC donde consta que Manuel Balboa murió el 29 de junio del 2005, y que tras el funeral fue enterrado en la Sacramental de San Justo. La página te reenvía a una empresa de arreglos funerarios que ofrece variedades de coronas en tonos dorados o rosas, además de almohadones de flores en sus versiones selecto y súper. En la tarde tonta y gris repaso cuanto supuso en mi vida Manolo, que se fue al otro barrio a los cincuenta y cuatro años, e intuyo que la causa final habrá tenido que ver con algo del hígado. Uno de estos días me llegaré a cualquiera de los baretos que frecuentábamos en la zona de Argüelles, y me temo que los camareros no me darán el aviso de que mi amigo Manolo me ha dejado un recado.

Machado, la Fura y los chinos

1-6-2007

Recibo un mail que me anuncia que en el Círculo de Bellas Artes se presenta el proyecto de la Comisión Nacional para el Centenario de Antonio Machado. Allí estamos, cuando se desgrana el programa que el Gobierno de España desarrollará en Soria hasta mayo del 2008. La coordinadora, Amalia Iglesias, que también escribe versos, formula previsiones, que van desde un ciclo de cine chino hasta la actuación de La Fura dels Baus, todo con miras a que los forasteros recalen en la ciudad, y aprovechando, compren mantequilla y chorizo. Figuran en el programa recitales y ofrendas al olmo, pasando por un homenaje a Leonor, performance de Ouka Lele y la actuación del circo acrobático de Pekín. Continua doña Amalia con su recuento de eventos y anuncia sorpresas que harán a Soria referente de atracciones de ocio y cultura. Mientras los periodistas convocados, y otros sorianos escapados de la oficina, damos cuenta del coffe break con el que el Paes nos obsequia, suculento de aperitivos elaborados por Casa Cascante y acompañados por un solvente Silentium. Termina la ceremonia, y Manuel Núñez Encabo, que está entre el público, nos cuenta que en Octubre van a llevar un tren a Soria, y que ya liberado de las cadenas del Ateneo de Madrid, aprovechará el viaje para trasladar a Soria la sede de la Fundación Antonio Machado.

Trasegado el tinto de Castillejo junto al sólido aditamento, y a pesar de que son horas del cortadito mañanero, el caso es que todos estamos muy contentos, y los paisanos que hacemos corrillo nos felicitamos por los fastos que van a acontecer en Soria con motivo de la llegada de Machado. Coincidimos en que es un tanto irracional- y no obstante saludable- el pique que se montan entre Ayuntamiento, la Junta y la Comisión Nacional, y como consecuencia, los sorianos van a estar entretenidos hasta la sanjuanada del 2008, y entonces recordamos lo aburrida que resultaba la vida en nuestros años de juventud en los que la única novedad- de las de balde- además de las carreras de motos por San Saturio, era la Vuelta Ciclista a España, que pasaba por Soria cada cuatro o cinco años.

Inés Tudela les cuenta a los chicos de la prensa la crónica del día en que Machado la despeinó. Oteando desde las alturas el Madrid de Antonio Palacios, uno acababa comprendiendo toda esta movida con pretexto machadiano, con lo de los chinos y la Fura dels Baus... Quizá, hasta sea bueno que los partidos políticos tengan la cosa reñida, de lo que deriva una competencia feroz y que cada institución monte su fiesta con más fuegos artificiales. Mañana, cualquiera pensará que no estaría de más aprovechar el centenario para llevar a Soria a la Pantoja o a los niños cantores de Viena. Con todo, tengo la esperanza de que entre tanta bullanga alguien descubrirá por primera vez los versos del poeta.


La otra batalla de Gormaz

26-5-2007

Fuensanta Palomar sale de Madrid en autobús los jueves rumbo a El Burgo, desde donde coge un taxi que llega a Gormaz a las 12,30. En el ayuntamiento, convocan concejo a las 12, pero la esperan. Fuensanta nació en Gormaz, su abuelo hacía cubas para el vino, se presenta para alcaldesa por el Partido Popular, se desenvuelve como medioabogada, reside en Madrid de lunes a viernes, pero su entendimiento y su voluntad nunca se han marchado del pueblo. Este domingo se repetirá la batalla por la alcaldía, en la que su contrincante es Encarnación Varas, que lleva la vara de mando desde Felipe González. Lo normal es que vuelva a ganar Encarnación, que de diecisiete censados tiene seguros nueve. Apostilla Fuensanta: “ Que no se te olvide poner, que ha empadronado al del coto de caza, el cual no tiene ningún arraigo en el pueblo... Ya veremos, si cuando acabe el periodo concedido, lo sacan a subasta o siguen los mismos pagando cuatro perras...”

Fuensanta remira los recortes de periódico en los que su antagonista se prodiga en declaraciones en las que se refiere a que “ella” vive en Madrid, y Fuensanta se defiende, que ella va y viene, viene y va, y que todavía no ha cumplido los cincuenta, que cómo pueden decir los periodistas que la señora Encarnación es la “pipiola” de Gormaz, si su misma hija, que ejerce de juez de paz y lo hace muy bien, tiene treinta y cinco y tampoco está allí de fijo. No cesa Fuensanta ni un segundo en su labor de tenaz y porfiada opositora. Me cuenta que en Gormaz hay doble rasero. Si ella pretende abrir una ventana, le dicen que pida el permiso, pero si la “importante” del lugar quiere vallar, nadie le dice nada, y si los “otros” invaden terreno público para montar merenderos, o no se pagan los pastos, pues la regidora se hace la sueca.

El pasado fin de semana se pasaron los mandamases del PP por Gormaz, y al final no dieron el mitin, que para convencer a los familiares de Fuensanta valía con echarse una cerveza en su casa. A la señora Encarnación le vacilaron un poco, soltándole que no repetiría victoria ya que iban a acudir muchos autobuses con nuevos votantes. Fuensanta- y también Encarnación- sabe que las cuentas están echadas, y que los votos son diecisiete y va calculando. “ Ella, su marido, la hija, los de Barcelona, el del coto...”

En Gormaz, pronto se mostrarán unas magníficas pinturas prerrománicas, que según Fuensanta, no son menos que las de San Baudelio.. “ Y pon, que lo bueno sería que alguien montase un negocio para que tantos autocares de turistas que suben hacia el castillo, y que pronto pararán en la ermita, se detengan en Gormaz y hagan allí gasto”.


CARRETERAS INTERIORES.

SALE HUMO DE NUESTRA CASA...

2006 ?

Mi reloj dice que hemos tardado casi dos horas desde Madrid hasta el pueblo. El de la iglesia de Nuestra Señora del Campo prosigue parado, aunque en estos pueblos no importa demasiado cual sea la hora. Por las calles nos recibe un grupo de perros, que son seis en la ocasión. Entre la hilera de techumbres desventradas, mi hija repara en que una tenue cortina de humo trepa desde la chimenea de nuestro tejado nuevo. Uno, que no entiende demasiado de tonos combustibles, especula si los leños que arden serán de encima o de carrasca, o tal vez tablillas y restos de tarimas y barandales. Salimos del coche, mientras los albañiles se aplican en los últimos remates. Entramos en la casa, que huele a pintura y a leña quemada. Se está bien en la estancia y hasta parece que la vieja cocina tira perfectamente. Quizá habrán pasado unos cincuenta años desde que la leña dejó de arder en ese hogar, y estas llamas se deben a unos chicos de tierras lejanas, quienes han restañado las viejas paredes de la que fue casa del tío Francisco y de la tía Andrea, y que se debió cerrar definitivamente por los primeros sesenta. Hoy, la chimenea, pintada y restaurada, con sus morillos y sus trébedes adosadas, preside la nueva disposición de la casa y hace que me sienta orgulloso al comprobar que ha quedado tal cual, con su hornilla al fondo, en la que durante muchos años hirvieron garbanzos y tocino, alubias y tocino...

Mirando a la lumbre rebobino la historia de mi decisión. Recalé por estos pagos hace un par de veranos, tras la determinación de no pasar, por primera vez, nuestras vacaciones estivales en la playa. Mi deseo de tranquilidades y la adaptabilidad de mi santa nos llevaron a buscar el descanso anual por esta la zona lindera de las dos Castillas, en la que moraron mis ancestros, y de la que apenas tenía otro testimonio que tránsitos apresurados, un mazo de fotos color sepia, y alguna memoria de cuentos e historias familiares en torno a la mesa camilla, antes de que viniese la televisión. El caso es que mi irreprimible deseo de paz nos llevó aquel verano a Rello, lugar ideal en mi búsqueda de raíces y silencios, y en una de esas excursiones y husmeos nos desviamos a un pueblo de los que no salen en las guías, ni hay atrio románico, ni tienda, ni siquiera tele club para beberse un botellín. Paramos, al atardecer, y había un grupo de gente a la fresca, sentados junto al portón de una casa. Bajé del coche y les di mi razón y cuenta del paseo.

Ningún forastero acudía a dicho pueblo, salvo en tiempo de setas, o en época de caza. Quizá es lo que más me gustó del lugar. Y sobre todo, su silencio y la absoluta limpieza del cielo estrellado.. Y también, porque los mayores de la aldea se acordaban de mi abuela, que estaba enterrada en el corralejo adosado a la iglesia. Y de mi abuelo, que fue el maestro y al que muchos que rondaban los ochenta años, debían sus conocimientos de cuentas y ortografías. Y el Resti, el Julio, la Super, el Antonio, la Encarna me mostraron el pilón en el que mi bisabuelo Ángel curtía las pieles para hacer albarcas; o el estandarte que regaló otro familiar, el Patricio, que había montado una industria de cerámica en Santa María de Huerta. Luego, nos indicaron el lugar donde ellos, cuando eran escolantes, sacrificaban el gallo por los Carnavales.

A partir de ahí, volvimos al pueblo, en otros atardeceres, durante los restantes días de la vacación. La Isidra, enseñó a mi mujer a conservar la matanza al estilo de la zona. Y nos acompañaron hasta la fuente, o hasta el pinarillo, y en el paseo nos señalaban el emplazamiento de las tierras que un día pertenecieron a mi familia.

En el segundo domingo de septiembre del año 2001 nos llegamos a la fiesta de Nuestra Señora del Tremedal, que coordinaba en lo religioso y en lo festivo el cura de los pueblos confinantes, que es don Jacinto, que se presenta como obispo técnico rural, y no es párroco de los de convertir a muchos infieles, pero no se le da mal el canto y al final va sosteniendo como puede, y con los albañiles que encuentra, las techumbres de las iglesias de la zona. Y Julio Lázaro, leyó sus acertadas poesías en casa de Juan José, que es el alcalde pedáneo, y de su mujer que es Nati, y que siempre brindan hospitalidad generosa a los amigos y visitantes. Y entonces, en la fiesta, en la insistencia de Julio de que el pueblo es “fábrica de salud” fue cuando me entró la idea de comprar una casa, si bien algunos me hicieron prevención de que el personal de estos pueblos pequeños es como es, por lo que sin mucho prolegómeno intenté mis indagaciones sobre las relaciones entre la vecindad.

- Y aquí en el pueblo... ¿qué tal os lleváis?

- Pues llevar, llevar, para qué te vamos a engañar, en estos pueblos ya se sabe...Por decir la verdad, que de llevarnos... llevarnos..., pues no mucho...

Mas como conmigo, censados y vecinos intermitentes siempre se portaron bien, y como además, pensé, en que no iba a repercutirles con cosas de los pastos, y que tendría mi buen cuidado en no atropellar a los perros, y como a mi mujer le encantó la casa de Ángeles de Miguel, que además era la única disponible que tenía patio, me puse en el trato. Después del regateo acostumbrado, de resolver los papeles, y del alboroque procedente, vino lo difícil, que fue traer mano de obra y albañiles que aceptasen mantener la casa como estaba y que el ajuste no se hiciese por jornales, sino por la obra completa. Los del término eran escépticos.

- Pues, a decir verdad, no veo que por aquí alguien te apañe la casa...
- En Almazán, una casa nueva te había salido por la mitad...

Han pasado varios meses, y en esta mañana de marzo comprobamos que sale agua por la ducha y que funciona el lavavajillas, que no hay goteras en el techo y que cuando entrábamos en el pueblo mi hija ha dicho lo de: “ Papá, si sale humo de nuestra casa”.

Sale decidido el humo por la chimenea, que es buena señal. Ahora mi hija me dice que le parece bien que a su padre le guste el silencio y eso de las estrellas, pero que en el pueblo no va a haber niños para jugar durante los días de verano en los que vengamos. Y empiezo a pensar en fórmulas de traer a niños de nueve años, y eso conlleva que habrá que buscar a papás que les guste el silencio y eso de las noches estrelladas, y luego encontrar albañiles... Le comento a mi hija, que ya se nos ocurrirá algo y que cuando lo consigamos, pues tal vez de esas casas desmanteladas que ocupan toda la calle hasta la ermita de la Soledad, un día vuelva a salir humo de todas las chimeneas. Por su gesto de incredulidad, deduzco que no tiene demasiada confianza en las ideas de su padre.

JAVIER D. NARBAIZA

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