NO TAN AUSENTE

Todos llegábamos al café Gijón

31 agosto 2007

JAVIER NARBAIZA

Se me muere Francisco Umbral, que era uno de mis autores preferidos, con el añadido de otras coincidencias en el espacio y en el tiempo. Descubrí sus prosas, recién llegado a Madrid, cuando uno pensaba que la vida era literatura y todo consistía en escribir en los papeles y en caminar en las madrugadas por el Paseo de Recoletos. Por entonces, tomábamos como referente a ese modelo de rebeldías que era Umbral, que embutía literatura en reportajes e interviús, y en la tertulia del café Gijón se metía con la boina de Baroja y crucificaba a sus contemporáneos.

Con todo, siempre le fui lector fervoroso, con esa pretendida solidaridad entre los que habíamos llegado a la gran ciudad desde las tardes aburridas de nuestro domingo provinciano, que Valladolid o Soria, por el tardofranquismo-la palabra es suya-, sonaban a lo mismo, y habíamos percibido que la antesala del olimpo se encontraba en aquel café con mesas de mármol y divanes de peluche.

Porque escribir era llegar al café y sacar el folio hasta que viniese la inspiración y el argumento, mirando a los que entraban y salían, y siguiendo tras el ventanal el meneo de las muchachas en flor. Por eso, a quienes estábamos en tales aspiraciones, a los pocos días de que nos dejase el tren en Atocha, o la Continental en la calle Alenza, una de las primeras excursiones iba de husmeo por la tertulia de los artistas, con lo que tocaba colocarte en una mesa colindante y a esperar el comienzo de la función. Era al caer de la tarde cuando recalábamos en el Gijón, a la vez que empezaba el desfile de vates y famosos, como José Hierro, Gerardo Diego, Paco Rabal, o el Algarrobo, y entre tantos, se subrayaba, un joven con melena y gafas de muchas dioptrías, que se hacía llamar Francisco Umbral y que se lo montaba con pretensiones de un Larra redivivo y con mejor sintaxis.

Luego, hasta lo conocí personalmente en la buhardilla del escritor José Gerardo Manrique de Lara, por la zona del Rastro, y que también se murió, con lo que Umbral- propicio a carroñeos- no desaprovechó la oportunidad del óbito para llamarle poeta mediocre, a pesar de que José Gerardo siempre nos había convidado. Tengo firmado alguno de sus ochenta libros, y tras muchos años de no pasar por el Gijón, en homenaje a sus talentos, vuelvo a retomar la prosa excelsa de ese clásico con el que charlé una noche, y que cuenta del día en el que llegó al café : “ Había humo, tertulias, un nudo de gente de pie, entre la barra y las mesas, que no podía moverse en ninguna dirección, y algunas caras vagamente conocidas, famosas, populares a las que en aquel momento no supe poner nombre...”


Dita ya tiene luz

24 agosto 2007

JAVIER NARBAIZA


Dita Negredo Lázaro ha conseguido que por fin le pongan la luz en su nueva casa de Pinilla del Olmo. Ayer, a eso del mediodía, una furgoneta con escalera encaramada se dirigía al término, que no se trataba ni del panadero, ni era el Ta-frío, ni Adolfo el cartero, ni los civilones en patrulla por los campos. “Que vienen a traerle la luz a Dita”, se llamaban las vecinas desde las ventanas, por lo que enseguida el personal se concentró en la calle de los Olmos para constatar la buena nueva.

Casi son tres años los que lleva la buena mujer esperando el advenimiento de la electricidad, en medio de la mayor impotencia, sorteando dificultades y consumiendo velas por espuertas para iluminar las estancias. Por lo visto, todos los duendes maléficos se habían conjurado para dificultar ese trámite tan obvio de pulsar un botón y que se encienda la bombilla, o abrir la puerta de la nevera y encontrar una cerveza fría. Primero, fue el desacierto en la elección del constructor, que amén de su impericia en disponer los ladrillos y las tejas sumó la equivocación de llevar los papeles al negociado equivocado. El expediente iba y venía, que si la construcción distaba cuatro metros de la zona urbana, que por fin la licencia estaba en curso, que la burocracia es así y no se ganó Zamora en una hora. Dita, que tiene ochenta y tres años, supo armarse de valor, no perdió la paciencia ni la esperanza, recordó su juventud con carburos y candiles y se metió en su casa acomodándose a los horarios de ortos y crepúsculos, despertando al amanecer mirando cómo la neblina se despegaba de los montes, acostándose cuando llegaban las estrellas, y olvidándose de los programas de la tele, que la verdad tampoco es que se haya perdido tanto.

Así hasta hoy, aunque en el momento final del deseado enganche no hayan faltado dosis de suspense, ya que el instalador autorizado fruncía el ceño, al percatarse de que el “chispa” electo no había cumplimentado los boletines de rigor, si bien, ante la presión social, el operario, de buen corazón, ha accedido a colocar provisionalmente el contador en una hornacina en la que en el futuro su dueña contemplará al artefacto como a santo benefactor.

Luego, se hizo la luz, y todos, como niños, tocabámos una y otra vez el timbre, y encendíamos y apagábamos las bombillas. Que ha sido largo el tiempo de espera, por lo que me place difundir la noticia para que la numerosa parentela de Dita, y tantos amigos preguntones, sepan la buena nueva, y que en esta noche de adelantado otoño, lo celebraremos tomando chocolate con picatostes y escuchando músicas sin necesidad de velas ni de lamparas de petróleo.


WebSoria en Muriel Viejo

3/8/2007

JAVIER NARBAIZA

Vienen a ejercer los webmasters como aquellos pregoneros que después de tocar la bocina proclamaban: “Se hace saber...” Tal vez había venido un camión con fruta, o llegaban titiriteros... Pero la gente se fue de los pueblos y se acabaron los pregones. Ahora, enciendes el ordenador, te conectas con internet, escribes el nombre de tu pueblo, y estés donde estés te topas con la imagen de la plaza de Almarail, Azcamellas, o Valtajeros, y la abuela, desde el lugar más lejano, se sorprende al atisbar el castillo, la fuente, o la ermita cubierta por la última nevada. También se enteran de que se ha casado la hija de Baldomero, y de que se murió el tío Berrinche y lo llevaron a enterrar al pueblo. Quienes materializan tales magias suelen ser comunicadores voluntarios, normalmente sorianos jóvenes residentes en distantes urbes, que gastan su tiempo libre en mantener el fuego sagrado de la memoria del lugar del que ellos o sus padres emigraron.

Ya va para tres años que tuvimos la idea de juntarlos en un espacio no virtual para que contrastasen experiencias y planteasen búsquedas comunes. Desde una primera cita en El Cubo de la Solana, siguió otra en Almazul, y el dieciocho de Agosto será Muriel Viejo el municipio en el que, gracias a la generosa disposición de su Ayuntamiento, se debatirán nuevas metas para unas webs que han servido para recuperar el hilo perdido entre tantos paisanos, además de utilidades concretadas en contactos de toda índole que han permitido que surjan interesados por un coto de caza, o que los urbanitas se informen de ese molino que se vende, o de que está libre un puesto de alguacil para emigrantes con familia.

Desde ese Primer Encuentro del 2005, surgió Websoria, que es una asociación informal, abierta a cualquier interesado con causa, sin apoyo institucional alguno y que este año convoca a juntarnos en Muriel Viejo.

Volveremos a encontrarnos con los artesanos de la red de Andaluz, Barahona, Almazul, Madruédano, Judes, Fuentearmegil, Cigudosa, Sarnago, y de tantos otros ueblos, y se hablará de desarrollar una trama de comunicación independiente y alejada de los intereses políticos, respetuosa con opiniones e iniciativas, y que pueda redundar en beneficios aprovechando las imparables novedades tecnológicas. Escucharemos los relatos de cuitas y de logros, como los de los amigos de Trébago, que en poco tiempo y gracias a su tenacidad han conseguido que funcionen tres casas de turismo rural, que se vaya recuperando su caserío, y que tenga visos de cristalizar una residencia para enfermos de Alzheimer, en la que en una primera fase podrían crearse más de sesenta puestos de trabajo. Y además, nos contarán de la importancia que en sus metas ha tenido aquella iniciativa de realizar una página web del pueblo...


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